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De la manera correcta de sentar a un asesino a la mesa

Si hay un asesinato planeado para la comida, entonces lo más decoroso es que el asesino tome asiento junto a aquel que será objeto de su arte (que se situe a la izquierda o derecha de esta persona dependerá del método del asesino), pues de esta forma no interrumpirá tanto la conversación si la realización de este hecho se limita a una zona pequeña. En verdad la fama de Ambroglio Descarte, el principal asesino de mi señor Cesare Borgia, se debe en gran medida a su habilidad para realizar su tarea sin que lo advierta ninguno de los comensales, y menos aún que sean importunados por sus actores. Después de que el cadaver (y las manchas de sangre, de haberlas) haya sido retirado por los servidores, es costumbre que el asesino también se retire de la mesa, pues su presencia en ocasiones puede perturbar las digestiones de las personas que se encuentren sentadas a su lado y, en este punto, un buen anfitrión tendrá siempre un nuevo invitado, quien habrá esperado fuera, dispuesto a sentarse a la mesa en ese momento.

Leonardo da Vinci

El único misterio es que haya quien piensa en el misterio.
Quien está al sol y cierra los ojos
comienza a no saber lo que es el sol
y a pensar muchas cosas llenas de calor.
Pero abre los ojos y ve el sol
y ya no puede pensar en nada
porque la luz del sol vale más que los pensamientos
de todos los filósofos y de todos los poetas.
La luz del sol no sabe lo que hace
y por eso no yerra
y por eso es común y buena.

Pessoa

Poema

Todo lo que desaparece de tu cuerpo
está bajo mi lengua
tan inmanejable como un veneno
Todo lo que de mí baja en el ascensor, envejeciendo
mientras el edificio se dobla una y otra vez
como una servilleta entre tus largos dedos
está ahora tatuando tu piel de bala
Todas las rayas que de mis manos escapan con mi destino
están en tus uñas rotas
estrellas del hermoso y suave vacío
donde yo te pienso
Y todo es parte del amor
de aquel amor que he perdido
y que es el único que tengo
que habla de nosotros y no olvida
como los anillos hablan de la edad de los árboles
o las manos recuerdan la fiabilidad de las caricias.

K. Sengai, 1975

De las conductas indecorosas en la mesa de mi señor

Estos son los hábitos indecorosos que un invitado a la mesa de mi señor no debe cultivar (y baso esta relación en mis observaciones de aquellos que frecuentaron la mesa de mi señor durante el pasado año)

Ningún invitado ha de sentarse sobre la mesa, ni de espaldas a la mesa, ni sobre el regazo de cualquier otro invitado.

No debe poner la cabeza sobre el plato para comer.

No ha de poner trozos de su propia comida de aspecto desagradable o a medio masticar sobre el plato de sus vecinos sin antes preguntárselo.

No ha de limpiar su armadura en la mesa.

No ha de hacer figuras modeladas, ni prender fuegos, ni adiestrarse en hacer nudos en la mesa (o a menos que mi señor así lo pida)

No debe hacer conspiraciones en la mesa (a no ser que las haga con mi señor)

No ha de hacer insinuaciones impúdicas a los pajes de mi señor ni juguetear con sus cuerpos.

Tampoco ha de prender fuego a su compañero mientras permanezca en la mesa.

No ha de golpear a los sirvientes (a menos que sea en defensa propia)

Y si ha de vomitar, entonces debe abandonar la mesa.

Leonardo da Vinci

 

La gastronomía es el arte de utilizar los alimentos para producir felicidad. Hay tres maneras de comer. Comer hasta saciarse es el método tradicional. Pero nada habría cambiado de haber triunfado la cautela. Así se inventó un segundo modo de comer, el de tratar la comida como una caricia para los sentidos. El tercer modo llegó de manos de la creatividad, de la pérdida del miedo a los cuerpos extraños. La invención de un plato se constituyó en un acto de libertad, pequeño pero nunca insignificante.

Anónimo